Que la fuerza te acompañe
Silvia, una polaca iniciada en el body art, me dijo sabiamente que el secreto para un tatuaje digno es hacerlo en una zona muy cercana al hueso. Aunque duele más, te ahorras el sufrimiento y la vergüenza de tener un tatuaje que antes de que te creciera la panza era un piolÃn y ahora, con el paso de los años, se ha convertido en el Gallo Claudio.En Barcelona hay un furor tremendo por los tatuajes. Esta ciudad tiene una especie de estética surf, grunge, hippy o pandrosa, y una de sus manifestaciones es justamente la cantidad de tatuajes y piercings que las personas llevan. No tengo cifras, no tengo fuentes, pero me parece que la gente aquà tiene una particular afición por el arte corporal.Â
Basta toparse con Esteban, un señor de unos cincuenta años que pasea desnudo por las calles de la ciudad, mostrando no sólo las estrellas, soles, y grecas que salen de su cuerpo, sino también una perforación de la que cuelga una pesa, alargándole unos diez centÃmetros el pito.
Un grupo muy particular de oficinistas al que me encuentro dos o tres veces por semana, comiendo en el mismo restaurante, me ha hecho pensar que en Barcelona los tatuajes no parecen ser una manifestación estética contracultural, sino que únicamente son un adorno del cual es más difÃcil deshacerse que de un lladró.
Como aquà las personas no se visten formales ni para ir a trabajar, no son los jeans y la camiseta lo que distingue a este peculiar grupo de oficinistas alternativos. Lo que los diferencia es que todos llevan las piernas, los brazos, el cuello, los tobillos y hasta las manos plagados de tatuajes.
No sé si esto es simplemente una muestra de la armónica convivencia entre personas con preferencias diferentes o la triste manifestación del más terrible aburguesamiento de la rebeldÃa. Pareciera que la contracultura ha perdido tantos adeptos que hasta el más grueso de los gruesos, el caballero Sith del Raval, come en el restaurante mainstream al que yo voy a comer.
Darth Maul del Raval es el tatuador más rudo del grupo. Él no se anda con medias tintas, valga la analogÃa, y su arte corporal no sólo cubre las mismas partes que sus otros compañeros oficinistas. También tiene el coco y la cara completamente tatuados con diseños Sith, sólo que a diferencia de su alter ego del episodio I, en lugar de ser rojo, Lord Maul del Raval es azul.
Es una de esas presencias que es imposible ignorar. Tanto verlo como no verlo produce desazón. Uno se siente inapropiado mirándolo porque su cara es tan brutal que no puedes quitarle los ojos de encima, pero también da vergüenza fingir que es transparente, porque al esquivarlo deliberadamente los movimientos de cabeza y de ojos son completamente antinaturales.
Me intriga. Llevo meses pensando en él. En mis horas de insomnio he aventurado una decena de razones profundas por las que pudo haber decidido hacerse esa transformación extrema. Me suena a que cuando tomó la decisión querÃa, sin duda, patear a la gente con su imagen y escandalizarla hasta el lÃmite, pero ahora, cuando lo veo sentado en el restaurante “el huertito” de Doña Ondina Capo, me parece que lo que le gustarÃa es que lo tratasen y lo mirasen como a una persona común y corriente.
Me gustarÃa preguntarle si todavÃa le gustan sus tatuajes, si todavÃa paga con felicidad el altÃsimo costo de su statement o si ahora lo hace con amargura. Si se siente culpable o si cree que alguien más tuvo la culpa. He elaborado varios planes para abordarlo, para invitarlo a tomar un café y para que me lo cuente todo. Sin embargo, la mitad de las veces no me animo porque su cara me da miedo y la otra mitad porque me siento completamente inapropiada.
Hoy, como si la espada láser de un caballero Jedi me hubiera iluminado, todas mis dudas quedaron disipadas. Caminaba por la calle y, al pasar frente a un restaurante al que nunca he entrado, vi a ese personaje cuya psicologÃa profunda me ha quitado el sueño durante meses. Di media vuelta y volvà a pasar frente al ventanal atraÃda como un imán. No podÃa creer lo que estaba viendo: un tipo idéntico a Lord Maul, pero en lugar de tener la cara azul, la tenÃa lisa, color carne y sin tatuajes. Finalmente comprendà que Darth Maul del Raval tiene un hermano gemelo y que gracias a su autoinmolación, la fuerza se ha vuelto a equilibrar.

Noviembre 15th, 2007 at 7:23 pm
:O
:O
:O
Como siempre… me encanta.
Oye, anÃmate y hazle la entrevista… ¡de una vez a los dos!
Alguna vez consideré hacerme un tatuaje, pero la verdad es que no sé si en unos años me vaya a arrepentir. Me gustarÃa hacérmelo en una parte en donde tengo un par de estrÃas, y la neta no creo que se vea bien. jajaja.
Me hiciste reÃr con lo de piolÃn, me lo imaginé.
Una confesión: me encantan los tatuajes, siempre y cuando no cubran mucha piel. Es decir, un tatuaje por aquà o por allá me parece tan sexy. Un ex tenÃa uno en el pecho que me parecÃa súper cachondo. Chale, ¿qué me pasa? Si hace tanto frÃo por acá…
Saludos… hasta allá.
Noviembre 16th, 2007 at 12:12 am
Wow!! buenisimo!!
Noviembre 18th, 2007 at 4:34 am
Pues eso de los tatuajes debe ser una manifestación de individualidad que se confima más con este personaje que desea ser diferente a toda costa. Obvio que ahora todos se tatuan y lo único que te da la individualidad es el motivo que decidas tatuarte.
Yo alguna vez quise hacerme uno, pero me quedé estancada en el procesos de decidir qué hacerme. TenÃa que ser algo que siempre me hubiera gustado, que no fuera algo de momento y que el diseño fuera atemporal, en ese dilema me quedé.
Yo creo que ahora debo ser de las poquÃsimas personas que tienen su cuerpo como se lo entregaron: con un arete en cada oreja, la piel con las cicatrices que han aparecido con el tiempo y nada más.
Enero 2nd, 2008 at 10:30 am
Te imaginarás que lo que más me impresionó es el cierre de tu narración con el asunto de los gemelos. Anda! Pero qué fuerte!! Completamente inesperado y escalofriante.
Me encanta plumita, amiguiti.
Besos.
Tania.