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Blasfemias

Los catalanes tienen la muy particular forma de decir las fechas de sus eventos personales y laborales, haciendo referencia al santoral. Aunque en México no se lleve la laicidad a extremos tan divertidos como en Uruguay,  en donde el día de Reyes es el día de los Niños, la Semana Santa es la Semana del Turismo, y la Navidad es el día de la Familia, esta vinculación catalana de los sucesos cotidianos con una cierta religiosidad me resulta bastante extravagante.

Un catalán promedio sabe ubicar en el calendario, como mínimo, los días de los santos Jorge, Juan, Esteban, Jaime y Ana, así como el de la Virgen María, el de la Merced y el de la Inmaculada Concepción. Pero, el mismo catalán promedio, también blasfema unas cinco veces al día con un florido Me cago en Déu. A diferencia de México, un país secularizado a punta de pistola en donde la religión se arrancó por completo de los asuntos estatales –aunque se haya quedado bien enraizado en los privados–, en España pareciera que en la esfera pública, la Iglesia Católica sigue teniendo prerrogativas que no son muy comunes en un Estado laico.

Por ejemplo, tan raro como parezca, en la declaración anual de impuestos, los ciudadanos pueden elegir entre destinar un porcentaje de su renta a la Iglesia Católica –así de directo– o a otra causa de interés social en general. A pesar de que estoy convencida de que las distintas iglesias desempeñan un papel importante para la sociedad, lo escandaloso es que, en cuestiones de financiamiento gubernamental, para el Estado español sólo existe la Católica.

Todos los que hemos visto la trayectoria de Almodóvar podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que los preceptos de la religión cada vez tienen menos incidencia en las costumbres de la sociedad española. No obstante, sigue existiendo un núcleo duro bastante numeroso de católicos recalcitrantes, y este fin de semana me enfrenté a uno de ellos en Montserrat.

Montserrat es una especie de villa de Guadalupe, con cerro más grande que el Tepeyac, pero iglesia más chiquita que la Basílica. Es un santuario religioso, pero también es un centro turístico y un parque natural. La iglesia y el monasterio están localizados sobre un macizo rocoso que de repente surge de la nada, en un valle de terreno relativamente plano, y cuya silueta recuerda a los dientes de una sierra – de ahí su nombre.

En uno de los restaurantes que alimentan a los más de dos millones de visitantes que recibe Montserrat cada año, pero no dentro de la iglesia, me tomaba un café, pero de ninguna manera me estaba comiendo una ostia o bebiendo un vino consagrado, y, entre sorbo y sorbo, le daba besos en el cachete a alguien, pero para nada me lo estaba revolcando.

Un peregrino bastante vejete, con caspa en las cejas y babas en la comisura de los labios, que se había autoimpuesto la orgullosa misión de guardar con celo las buenas costumbres en el santuario en la que se rinde culto a la moreneta (morenita) –como llaman con cariño los catalanes a la imagen de la virgen de Montserrat—reprochó mi blasfemo comportamiento, alegando que ninguno de los rincones de la montaña, con sus más de diez kilómetros cuadrados de extensión, era lugar para hacer esa clase de actos pornográficos.

Si consideraba esto una blasfemia y una afrenta directa a la catalanísima virgen de Montserrat, no quiero ni imaginar qué habría hecho si hubiera presenciado una historia divina que me contaron hace unos cuantos años.

En una maternidad de Washington D.C., pocas horas después del nacimiento de una niña de padres mexicanos con debilidad por los nombres catalanes, una enfermera gringa, fundamentalista del political correctness, leyó el nombre de la recién nacida en la hojita rosa de registro que pegan en las cunas y dijo, en un intento por mantener siempre el buen humor y la sonrisa en la boca, como le enseñaron en un curso de la Universidad de la Hamburguesa:

– Monster Rat, what an interesting name!

4 Responses to “Blasfemias”

  1. latamoderna Says:

    Chale, pareja… qué interesant… Pero esa Monster rat… poooooobre… ¿te imagina? Miss rat, is miss rat, Monster Rat here?….
    JAJAJAJA.

    Saludos.

  2. Miriam Says:

    Interesante post. Todos los días se aprende algo nuevo…

  3. BREN Says:

    JAJAJA, DIVERTIDO.

  4. Mar Says:

    No todos los catalanes somos como ese viejecito, afortunadamente. Montserrat es una institución en Cataluña que trasciende lo religioso para convertirse en un elemento de identidad nacional.

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