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Borde. 1. adj. Bastardo. 2. adj. coloq. Maleducado, impertinente, esquinado, de trato difícil.

De la boca de todos los mexicanos que conozco que han pasado unos cuantos minutos o toda una vida en España he escuchado exactamente la misma observación. Unos la dicen con zozobra; otros hasta con un poco de miedo, y otros francamente encabronados.

–¡Qué pinche gritones son los españoles!

Nadie puede no darse cuenta de esto. Ni para los más pacientes ni para los más malhumorados puede pasar desapercibido que si en España hubiera más aguacates, los servicios de salud no se darían abasto.

Para mi espíritu, acostumbrado a un léxico en el que los diminutivos conviven graciosamente con los porfavores, los compermisos y los mandeustés, era muy desconcertante que un perfecto desconocido se pusiera a increparme a más de 100 decibeles porque cuando me trajo el café con leche, yo le pedí la sacarina, y no todo al mismo tiempo, violando los derechos laborales de los camareros para no acercarse a la misma mesa dos veces si no se les pega la gana.

No es que sea una activista. No pertenezco a ninguna organización anti-bélica ni rezo todas las noches por la paz del mundo. La inconfesable verdad es que la violencia verbal me repele porque revela mi estrechez mental, y no por ideas perfumadas de patchuli.

El grupo de personas súper avispadas que pueden contestar, sin aumentar el volumen de su voz y con control total sobre la pigmentación de su piel, un elegante hachazo de maltrato verbal no es mi club. Yo frente a una boca que, sin deberla ni temerla, sin decir agua va, me empieza a escupir tepocatas; primero, me quedo pasmada; después me pongo roja –¡como si la que tuviera que tener vergüenza por tan antisocial comportamiento fuera yo!–; y, finalmente, me vuelvo a quedar pasmada. Lo mío, lo mío, no es el botepronto lingüístico.

Una de las peores fue una ocasión en la que el maldito controlador del metro Fontana en el barrio de Gracia no sólo me gritó, sino que, además, se burlo de mí. Pasé toda la noche con la bilis derramada, apuntando mentalmente frases inteligentísimas, mordacísimas, que habría podido usar si se me hubieran ocurrido seis horas antes. A la mañana siguiente me desperté con la cara seca de tanta muina, el espíritu envenenado y el corazón rasposo.

Otra buena fue cuando tuve que aguantar la insoportable charla de un taxista que se quería hacer el simpático desde la puerta de mi casa en el Raval hasta el Hospital Clinic en la Eixample. Durante unos quince minutos me preguntó sobre mi estado civil, la felicidad sexual de mi novio, mis habilidades culinarias y el tamaño de mi culo y del de mi mamá, y yo, en nombre de una convivencia cordial, lo toleré todo con una sonrisa en la boca. Sin embargo, a la hora de pagarle la cuenta, se convirtió en Frankenstein y me pegó una gritiza de antología que estoy segura se usará como caso de estudio en las sesiones dominicales de neuróticos anónimos. Sí, está bien, le pagué el viaje en taxi de seis euros con un billete de 50. Sí, es cierto, hasta en México el taxista se hubiera medio encabronado, pero aquí parecía que se estaba medio muriendo de la rabia.

Felizmente, después de aguantar durante tantísimo tiempo que me gritaran en la panadería, en la tienda, en la calle, por teléfono, en el supermercado y hasta en la puerta de mi casa, mi paciencia se ha visto recompensada. He aprehendido (del lat.apprehendĕre 1. tr. Coger, asir, prender a alguien, o bien algo) que las gritizas que se propinan unos a otros no son personales y que no tienen nada que ver con el buen o mal humor, sino más bien con la disciplinada práctica de un deporte nacional: armarla de pedo, o hacerla de jamón. Además, después de ocho meses de entrenamiento, lamento informar a mis enemigos que me he convertido en una contendiente bastante respetable y que podría representar a España con decoro en cualquier justa internacional.

9 Responses to “Borde. 1. adj. Bastardo. 2. adj. coloq. Maleducado, impertinente, esquinado, de trato difícil.”

  1. Miriam Says:

    Uffff, y qué me decís de los italianos?? Ellos también necesitan gritar para comunicarse. Sumado a la efusividad para demostrar cariño (nada como una abuela tana para pasar vergüenza delante de todo el mundo). Será que, acaso, cuando Roma gobernó la península Ibérica, además del latín le dejaron la forma correcta de gritarlo??

  2. gomis1206 Says:

    Yo los adoro, me hacen reír muchísimo.

    Eso de andar hablando en chiquito y con demasiada cortesía siempre me ha parecido ridículo. No hay nada como ser directo y decir las cosas como son… Y mira que tú vives en una ciudad donde no se grita tanto, eh?

    Besos!!!

  3. Rosa Mari Says:

    jajaja . Si quieres saber lo que és hablar con tono alto yo te presento a una tia mia . Se entera todo el mundo de lo que te está contando , la que no se entera eres tú …que ya te ha dejado sorda a la primera frase , jejeje.

    Saludos.

  4. surtidorico Says:

    Uyyy yo no he estado en España pero sí me han comentado que son súper vicerales…yo no concuerdo en andar por la vida gritando como locos, puedes decir lo mismo pero sin necesidad de gritizas marca Acme..además por lo que veo lo ser sencillos y serviciales no se les da. Pero raro xq tengo unos vecinos españoles que son la neta, eso sí bien gritones…
    Ja..de menos tu ya te adaptaste, digo después de tantas gritizas pero obvio tienes toda la razón en eso que dices, acá en México la gente se desvive por atenderte, sino dices Gracias o por favor, bueno eres un mamón de primera.

  5. Rubas Says:

    Que buen retrato de la España. Me has hecho reír para todo el día. Ya estaré escondiendo risas el resto de la tarde.

  6. latamoderna Says:

    Mmmm… bueno, ¿te digo algo? Un día yo escuché cómo sonamos los mexicanos en el exterior y ¿sabes? ¡también somos bien ruidosos! Recuerdo a una amiga paisana diciéndome que bajara la voz en un Burger King de algún país de no habla hispana “Acuérdate que los mexicanos somos bien gritones”. Me dio mucha pena, digo, que seguro no nos entendían y ni les importaba a los que estaban por ahí.

    Y creo que también depende mucho de donde vivas. Me he dado cuenta que los norteños son más directos (que no sé si todos o sólo los que yo he conocido) que los del centro, y eso, muchas veces es bien refescante, aunque al principio te saque de onda.

    ¿Y qué tal los cubanos???? Después de tener amigos cubanos, lo demás, es silencio y tranquilidad. jajajajaja

  7. lux Says:

    Wow, pues a mi también me pasa eso de estar rumiando todo lo que pude haber dicho y no dije. Es horrible, por favor escribe un post de tips para superarlo y llegar a formar parte de esas justas.

  8. Eleden Says:

    Oye y no se agarran a madrazos? porque ya ves que aca en Mexico priva aquello de “Para que arreglar hablando algo que se puede arreglar a chingadazos?”
    Desde el eden
    Maléfico

    http://eleden.ciudaddeblogs.com/

  9. Marisol Says:

    jajaja si, los españoles son muy gritones y malhumoradors, re neuróticos!!! Además tienen un delirio de superioridad que puede resultar insoportable.¿Qué tal cuando en una discusión sueltan el clásico “¡hombre, que te lo digo yo!”? Como si eso fuera suficiente para demostrar que es verdad lo que están diciendo. Pero bueno, al final son simpáticos y ¡molan!

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